Este 17 de noviembre toda Cuba está de fiesta con sus estudiantes. Su alegría y su empuje contagiosos bastan para no dejar de soñar
Autor: Mailenys Oliva Ferrales | internet@granma.cu
Si nuestras calles vuelven a ser por estos días bullicio de gente que va y viene, fiesta multicolor de los pequeños que retornan al reencuentro con el pizarrón, y esperanza de un país que apuesta por una nueva normalidad es, en buena medida, porque en la «proa» de ese empeño colectivo han estado, con su fuerza descomunal, los estudiantes cubanos.
En ellos la Isla ha encontrado un arsenal invaluable de amor y de entrega. Los ejemplos «laten» en cualquier rincón del archipiélago donde han plantado bandera con su voluntad genuina de fundar y crear, de ser útiles, y de hacerle frente –con guiños de valentía y desenfado juvenil– a un enemigo sin rostro como la COVID-19.
