Por: Guillermo Alvarado
En un mundo enrarecido por las declaraciones tóxicas del presidente de Estados Unidos, el magnate Donald Trump, y sus fanáticos seguidores, quedan aún millones de personas que se esfuerzan este 14 de febrero por hacer una muestra de afecto, de buena voluntad, de amor y amistad, que vienen siendo casi lo mismo, y que nos ayudan a encontrar razones para continuar la terca lucha por un futuro mejor.
No resulta fácil, sobre todo cuando se ve cómo desde la cúpula del poder en la primera potencia económica y militar se destila cada día odio, desprecio y amenazas hacia lo que es distinto o desconocido, lo que viene del sur y que el norte percibe como un peligro y no como una oportunidad.
