Reconocidos científicos cubanos como los Drs. Agustín Lage, Luis Herrera, Michel Valdés y otros, participan en la Bio International Convention, que, con la presencia de investigadores de todo el mundo, está sesionando en San Francisco, California.
Más de 3100 compañias biotecnológicas toman parte del evento,en el que sesionan cientos de paneles durante tres días y medio. También se realiza la más importante exposición global de la biotecnología y la farmacia, con mas de 1 800 expositores.
Integrantes de la delegación cubana a la Convención Internacional de Biotecnología en San Francisco.
Fuente:Cubadebate
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miércoles, 8 de junio de 2016
miércoles, 4 de noviembre de 2015
¿Cuánto gasta la industria farmacéutica en hacer presión a los poderes públicos?
Que la industria farmacéutica ostenta un poder inmenso de influencia en los gobiernos es de sobra conocido. Temas tan espinosos (por decirlo de una manera suave) como su lucha contra la venta de genéricos para el SIDA o sus recurrentes denuncias contra el gobierno indio por su decisión de prohibir la comercialización de algunos medicamentos [1] son de sobra conocidos, lo que es curioso, porque es uno de los sectores más subvencionados por los gobiernos tanto en becas de formación como en subvenciones directas para investigación. Dinero público que revierte únicamente en manos privadas.
Allen Frances, el director durante años del DSM que define los trastornos y patologías mentales, en una entrevista a El País admitía: ’fuimos muy conservadores y solo introdujimos dos de los 94 nuevos trastornos mentales que se habían sugerido. Al acabar, nos felicitamos, convencidos de que habíamos hecho un buen trabajo. Pero el DSM IV resultó ser un dique demasiado endeble para frenar el empuje agresivo y diabólicamente astuto de las empresas farmacéuticas para introducir nuevas entidades patológicas. No supimos anticiparnos al poder de las farmacéuticas para hacer creer a médicos, padres y pacientes que el trastorno psiquiátrico es algo muy común y de fácil solución’ [2].
Allen Frances, el director durante años del DSM que define los trastornos y patologías mentales, en una entrevista a El País admitía: ’fuimos muy conservadores y solo introdujimos dos de los 94 nuevos trastornos mentales que se habían sugerido. Al acabar, nos felicitamos, convencidos de que habíamos hecho un buen trabajo. Pero el DSM IV resultó ser un dique demasiado endeble para frenar el empuje agresivo y diabólicamente astuto de las empresas farmacéuticas para introducir nuevas entidades patológicas. No supimos anticiparnos al poder de las farmacéuticas para hacer creer a médicos, padres y pacientes que el trastorno psiquiátrico es algo muy común y de fácil solución’ [2].
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