En el ala sur del Parque Lafayette, justo enfrente de la Casa Blanca, se plantó Ileana Ros-Lehtinen este jueves. Movilizó a 19 personas, mayoritariamente empleados de su oficina y algunos militantes del odio a Cuba. No había curiosos, porque llovía y está haciendo suficiente frío en Washington como para andarse helando la sangre además con resentimiento y vulgaridad.
Ante la escasez de interés mediático y participantes, una de las asistentes de la congresista comenzó a llamar a las redacciones para movilizar a los reporteros. Y ni así llegaron, me cuenta un colega por correo electrónico. “En este tema Ileana es tóxica y corres el riesgo de enfermarte si te le acercas”, bromea otro por chat.
