Por: Randy Alonso Falcón
En medio del ambiente enfebrecido que se vive en la Casa Blanca, los recientes nombramientos del presidente Trump en puestos claves de su administración reflejan claramente el acento belicista, de poder fuerte y chantaje imperial que le está imprimiendo a la política exterior estadounidense.
Junto a los cambios en el mando del Departamento de Estado y el Consejo de Seguridad Nacional, también el presupuesto que Trump acaba de firmar el pasado viernes, para lo que queda de ejercicio fiscal 2018, exhibe la preeminencia de las políticas de fuerza por sobre la diplomacia, al más clásico estilo del llamado “hard power”. Mientras las partidas del Departamento de Defensa crecen en más de 60 mil millones de dólares, el presupuesto de la cancillería estadounidense y sus órganos conexos para la diplomacia pública ha sido recortado en un 32%. Mientras el gasto total en defensa, incluida la renovación del arsenal nuclear, llega a los 700 mil millones de dólares, el resto de los gastos sumarán 591.000 millones. Estados Unidos eroga en defensa, más de lo que gastan juntos los siete países que le siguen.
