En un escenario como el que nos rodea, con un mundo paralizado, uno podría imaginar que los sembradores de odio se llamarían a la reflexión y ante el sufrimiento humano recuperarían algo de la humanidad perdida, pero los hechos nos están mostrando la persistencia del odio y la mentira.
La pandemia de la desinformación y manipulación, la perversidad del terrorismo mediático, para tratar de seguir atrapando a poblaciones cautivas continúa como si nada pasara en el mundo, y se convierte en un crimen de lesa humanidad. La mentira mediática es un arma de guerra.
