por Igor Guilarte Fong
En una nación libre, alumbró Martí, debe la prensa periódica –si quiere que el pueblo la respete– guiar, encauzar, presentar estudiadas las cuestiones que merecen más seria y urgente reforma; examinar los conflictos, no irritarlos con juicio apasionado ni encarnizarlos con alarde o adhesión extemporánea.
Mucho se recuerda a El Maestro cada 14 de marzo, porque su obra es periodismo mayor, y porque de Patria venimos. Llueven por estos días agasajos y reconocimientos, balances y metas. En cada medio hay como un respiro, un ambiente de alegría, un aplauso al esfuerzo, un minuto de silencio por los que se han ido y brazos abiertos a los que acaban de llegar; un repaso a lo mal hecho y que no debe repetirse; una broma tragicómica sobre aquella “fuente” reacia a hablar… Y así, entre informes, compromisos y traguitos –respetando las medidas para tiempos de covid– se pactará otro año de lograr un trabajo mejor. El Día de la Prensa Cubana parece lo mismo, pero nunca es igual.



