por: Rosa Miriam Elizalde
Comenzó el jueves pasado, con la presentación de la Resolución cubana contra el bloqueo de EEUU que, desde hace 27 años, se vota en ONU. La jornada estuvo entre las más peleadas que se recuerde, con la troika de Estados Unidos, Israel y Brasil totalmente aislada. Bolsonaro, que arrastró a su país por primera vez en la comparsa, en vez de agregar fuerzas, vergonzosamente, restó. Ciento ochenta y siete países se alinearon con la Isla, a pesar de las presiones del gobierno gringo, que amenazó a varias naciones con suspenderles la ayuda económica.
Tras la votación, la gente se felicitó en las calles, la etiqueta #VictoriaDeCuba se convirtió en tendencia mundial en Twitter y todavía andábamos en esa estela el viernes, cuando llegó la noticia de la liberación de Lula. Que sacaran de prisión al ex Presidente de Brasil, a pesar de las condiciones a las que todavía lo someten con la pérdida de sus derechos políticos y con procesos judiciales diferidos temporalmente, era un regalo después de estos años de desayunarnos cada mañanita de Dios con alguna canallada de Donald Trump, Marco Rubio, Pompeo y otros personajes de la nueva opereta imperial.
