Por Luis A. Montero Cabrera
La humanidad y su progreso en los últimos 40 mil años, después que innovó emigrando para conquistar el mundo desde donde se había originado en África, se ha mantenido gracias a lo que hoy llamamos “gestión del conocimiento”. Lo que hemos logrado para bien, y a veces también para mal, se ha debido a que cada vez sabemos más y usamos mejor lo que sabemos. Es mucho el asombro de algunos al reconocer cómo hemos llegado a ser más de 7 500 000 000 habitantes en este mundo sin que las guerras por el agua y la comida diezmen a las personas, y hasta gozando de cierta abundancia de recursos vitales en muchas partes.
En los años finales del siglo XVIII un académico y clérigo británico, Thomas Robert Malthus, publicó un estudio donde planteaba que la entonces población del mundo, que no llegaba a los 1 500 000 000 millones, crecía multiplicándose a si misma (geométricamente) y que la producción de alimentos lo hacía sumándose (artiméticamente). Para hacer las cosas sencillas, postulaba que si en un año se producían diez unidades de peso de trigo, al año siguiente se producían 11, y al siguiente 12. Se aumentaba aritméticamente, sumando unidades. En ese mismo período, decía Malthus, una población de 10 personas podía llegar a 20, se multiplicaba. Esto lo condujo a la conclusión de que las guerras y las muertes serían interminables en el futuro, solo por hambre, al crecer más las necesidades de alimentos que su suministro.
