Por: Ricardo Ronquillo
Parecería que no son tiempos para fabulaciones en Cuba, aunque puede presentirse que a partir del 13 de agosto viviremos, como ciudadanos de la República, un período muy peculiar que, como en una curiosa leyenda, tendremos la posibilidad de hacerlo milagroso o estéril.
Cuando esté en nuestras manos discernir sobre el Proyecto de Constitución —que recibió recientemente el visto bueno parlamentario—, es como si por cada capítulo nos entregaran —al igual que en cierta fábula— una «ramita mágica», con la cual, en correspondencia con nuestra posición, la haremos, o no, «brillar de mil colores».
