Por Jorge Luis Delgado Felipe.
Así una mañana, conocí a la
inspiradora de esta crónica, a quién debo mucho de lo que he aprendido y es que
ella te enseña hasta con la sonrisa, te hurga en lo más profundo con la mirada
y te aconseja siempre, como una madre, serena, pero firme.
Llevo mucho tiempo por dedicarle estas
palabras que se entrecortan en puro despliegue de emociones cuando las escribo
en presente, pero las considero oportunas, a pesar que hace diez meses partió a
la inmortalidad sin poder susurrarle al oído mís desvelos por su fatídica
enfermedad y la urgencias de su presencia entre quiénes siempre le queremos,
pero donde esté, sabrá de mi admiración, respeto y añoranza.