Por: Iraida María Hernández Prado
Siempre me impresionó su voz dulce, pausada, firme. Con su afabilidad característica dirigía los debates, aconsejaba cuando era necesario y también señalaba, sin herir, los puntos débiles.
El periodismo, ese privilegio extraordinario, como refería una conocida colega, me dio el inmenso honor y el placer de conversar con ella en varias oportunidades, casi siempre aquí en esta provincia cubana de Ciego de Ávila.
