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miércoles, 22 de abril de 2015

Un "apoto" en Sierra Leona



Para rematar, Leandro Castellanos Vivancos es blanquísimo y la palabra que en Sierra Leona lo definió durante casi seis meses no le hizo justicia.
Apoto le decían, y le dicen, a todo hombre blanco que llega a mezclarse con los negros del pequeño país que él ni sabía dónde quedaba.

Pero otras tampoco nos alcanzarían de este lado del Atlántico, sobre todo, ahora que ha regresado y narra detalles de sus días replegando al ébola.
Una hora he prometido y sobran minutos para adivinarle a este clínico la hidalguía que lo llevó a Port Loko, un distrito que compartiría con 39 cubanos y del que se iría con un nudo en la garganta.


"No lloré a cántaros, pero sí lo hice. Allá lloraron todos, hasta los políticos, los niños, la gente que corría detrás de la guagua, los que salían de sus casas a despedirnos. El desierto que dejamos será muy difícil de llenar porque, la verdad, somos muy sociables, diría que únicos.

"Incluso, una de las domésticas de la casa de residencia no entendía que yo cogiera una escoba en la mano, ¿un médico... y blanco... barriendo? Para ellos, al principio, estábamos a otro nivel y eso lo fuimos desmitificando. Aunque, en realidad, éramos muy diferentes a los médicos de otros países.

El traje "cosmonauta" no llevó a Leandro a otro planeta, aunque la tragedia de Port Loko y de Sierra Leona, le pareciera inhumana
"Fueron tan visibles los distanciamientos del protocolo que Mike, uno de los norteamericanos que formó parte de las organizaciones no gubernamentales que asistieron a Sierra Leona le dijo literalmente: "nosotros somos más fríos que ustedes".

Sin embargo, Leandro notaba cierta tibieza en los procedimientos. "A veces, nos llamaban para canalizar una vena o para consultar casos complejos porque, sin rasgos de autosuficiencia te digo, que nuestro equipo médico estaba muy bien preparado."
— ¿Y no creyeron en algún momento que no bastaban, que no podrían vencer la epidemia?

— Al salir ya ni llegaban enfermos, dejamos un solo caso en el hospital, no podemos decir que lo erradicamos porque desde el 1977 está allí, es endémico, pero sí eliminamos la epidemia y cuando en 42 días no se recibe un caso, el país se declara libre de ébola. Logramos que la gente entendiera que era un virus muy peligroso, por desgracia lo fueron comprendiendo, también, en la medida que cientos morían.

"Sucede que ellos son muy escépticos con la ciencia, se explican la vida desde la religión y, encima, tienen la costumbre de bañar a los muertos y echarse luego esa agua para que, de alguna forma, quede con ellos la persona fallecida.
"Y es, precisamente, en el cadáver donde el ébola presenta mayor nivel de viremia. Fue muy complejo, el país tuvo que determinar de uno a tres años de cárcel a los que practicaran enterramientos en las cercanías de los hogares y se expusieran de manera deliberada al virus, propagando la muerte.

"Al mismo tiempo, cada vez que salvábamos a uno, estábamos multiplicando la vida porque evitábamos que contagiara a 20 o 30 personas más en un lugar donde la gente se aglomeraba, ya que el 80 por ciento de la población vivía de vendutas, permanecían mucho tiempo en la calle."
–– ¿Recuerdas a algún sobreviviente en particular, alguien que te haya "marcado"?
––Sí. Un joven de unos 18 años, logramos salvarlo a pesar de las complicaciones y cuando regresó a su casa todos habían muerto: sus padres, sus hermanos...Era difícil escapar de la tragedia, familias enteras desaparecían, muchos se quedaban huérfanos. El ébola es muy violento.

–– ¿Y cómo un cubano podría imaginarse el ébola, es cierto que los órganos se ponen negros?
––Con eso se especuló mucho, pero la realidad es que no se sabe porque nadie se atrevió a hacer una autopsia por la alta contaminación del cadáver.
Aquí, con Roberto Rodríguez Cruz, otro avileño que salvó vidas en Port Loko. Curiosamente muestran un cartel que dice: Ciego campeón. ¡Qué profetas nuestros científicos!

De la enfermedad puedo decirte que el día más temible es el séptimo y que tratando de pensar en un equivalente, aunque en Cuba no hay nada que se le asemeje, podría definirla como un superdengue y un supercólera, al mismo tiempo, por los trastornos de coagulación y síndromes diarreicos que presenta.

— Cuando ustedes se fueron Cuba quedó orgullosa, pero preocupada. Acá no se sabía ni se dijo mucho y del silencio se aprovecharon algunos medios extranjeros que comenzaron a hablar de términos de un contrato y de cientos de miles de dólares que recibirían. ¿En verdad se les prohibió volver si enfermaban o morían, se habló de remuneraciones en correspondencia con el riesgo de la misión que enfrentaban?

— Todo fue muy rápido. Los primeros días de entrenamiento en el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí nos concentramos, como es lógico, en prepararnos para sobrevivir y poder salvar a los enfermos. El día antes de volar vimos el contrato y, en efecto, decía que, si morías, tus restos no podrían regresar a la Patria en los próximos cinco años. Yo lo encontré muy justo, partiendo de que todos sabíamos lo que ello representaba, era una manera de proteger a nuestra gente y no propagar la epidemia.
"Del tratamiento, si enfermabas, no se decía nada, pero cuando Félix enfermó de ébola se demostró que se tuvo un cuidado extremo, de primer nivel y el resultado fue que sobrevivió.
"Lo del dinero nunca estuvo escrito. Aunque, aclaro, que fuera en Pakistán, en África, en Haití... a cualquier lugar los cubanos hubiésemos ido, solo por razones humanitarias, por ayudar a cambio de nada, pero no es menos cierto que a todos en el mundo se nos paga por lo que hacemos, aun cuando la solidaridad sea manifiesta.

"Cuba, según nos explicaron, renunció al salario que la Organización Mundial de la Salud ofrece por ese tipo de servicios y se nos dijo que recibiríamos una dieta diaria. Mike, por ejemplo, ganaba en un mes el triple de lo que nosotros ganamos en seis."
-Fuera del traje "cosmonauta", ¿se sentían en otra galaxia?

––La vida allí es muy diferente y el ébola imponía fronteras mayores, pero uno trató de adaptarse sin perder la cubanía.
Al principio nos chocó que los jefes de la misión nos prohibieran comunicarnos con periodistas y enviar informaciones, no obstante, varios nos atrevimos y les pareció bien, gustó el impacto de nuestras historias y abrieron el banderín.

"Todo el tiempo fuimos cuidadosos, en el vestido y desvestido del equipo de protección personal (que usábamos para curar a los enfermos) y cuando no lo llevábamos, pues a pesar de que el virus no es contagioso mientras se está incubando, realizábamos exámenes diarios a los nacionales que trabajaban en nuestra casa de residencia.
"Hicimos hasta un equipo de fútbol con niños, siempre tomando las medidas, llamándonos "a contar" porque el instinto humano es difícil de encausar, mira lo que le pasó a Félix, intentó levantar a una mujer que se le cayó delante y el roce casi le cuesta la vida."

–Aun cuando todos los vimos, y vemos, como héroes eso no quiere decir que no sintieran miedo o dudaran de la decisión que tomaron.
––Dudas no creo que haya habido, el que dudó, sencillamente, se quedó. Yo fui pensando que regresaría, todos lo creían así, es un pensamiento optimista, esperanzador, que tiene el ser humano. Incluso, lo albergué mientras estuve tres días ingresado con sospecha de ébola porque los test de paludismo, al principio, fueron negativos.

"A lo que más le temíamos era a que el virus mutara y nos infestáramos, pues si lo hacía a una vía aérea, con solo alguien estornudar podía infestarnos a metros de distancia. Cuando salimos escuchamos que en Liberia, se piensa, haya mutado y en el futuro sea peor de lo que ya era."
–– ¿Regresarían entonces?
––Supongo que sí. Pero no creo que se desate otra epidemia. La gente aprendió a cuidarse.
Fuente:Cubadebate
–– ¿Y qué aprendiste tú?
––Me quedo con el conocimiento también, con los amigos que hice, con la satisfacción de haber ayudado, con la gratitud. Eso es mucho.


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