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sábado, 23 de mayo de 2015

Hugo Rius o la excelencia en el periodismo

 Continuamos hoy con otro premio Nacional de Periodismo "José Martí"
“La capacidad de análisis es un ejercicio que yo he tratado de cultivar a lo largo del tiempo, porque pienso que en la vida no basta con mirar los acontecimientos, sino tratar de interpretarlos, sin conformarnos con lo que aparece en la superficie”, afirma el Premio Nacional de Periodismo José Martí (2008)

Hugo Rius Blein es un hombre parsimonioso y culto. Con más de 40 años como profesional de la prensa, ha trabajado como corresponsal de guerra, guionista de programas informativos, comentarista político, reportero y su lista de entrevistados recoge a importantes personalidades del mundo.


Rius es también profesor Titular de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana y Máster en Ciencias de la Comunicación. Como reconocimiento a tan fructífera carrera, le fue otorgado el Premio Nacional de Periodismo José Martí (2008).

La profesora Iraida Calzadilla, quien se declara su eterna alumna, piensa que es un hombre culto, flemático, de fina ironía y largo alcance en el hablar y conceptualizar. Cuando le comento acerca de esta opinión, contesta:

“No sé, parto siempre de saber que no sé todo, que a veces no sé nada; sobre esa base, por lo menos, aspiro a ser culto. Lo de flemático sí, por momentos doy la apariencia, trato de mantenerme autocontrolado, pero confieso que no siempre lo consigo.

“La capacidad de análisis es un ejercicio que yo he tratado de cultivar a lo largo del tiempo, porque pienso que en la vida no basta con mirar los acontecimientos, sino tratar de interpretarlos sin conformarnos con lo que aparece en la superficie. Todo requiere razonamiento: hacer una entrevista, una nota informativa o cualquier género periodístico. No me puedo imaginar a un periodista sin desarrollar esa aptitud”.

-¿Algún rasgo en su personalidad no le gusta?

Creo que debo ser mucho más franco, más crudo. A la gente se le ayuda cuando se le dicen las cosas crudamente. Me inhibo a veces por escrúpulo, porque temo que la otra persona puede sufrir mucho si le hago algún señalamiento con todas sus letras, y pienso que esto constituye a la larga un defecto.

Todavía no siento tener toda la dureza necesaria para enfrentarme a las tragedias. Las afronto, pero no  como quisiera: me sensibilizo demasiado, y en el trabajo periodístico la sensibilidad hay que administrarla para no perder el distanciamiento profesional. Los defectos los veo como falta de pulimento en el intento de auto crecimiento personal. .

-¿Ha sentido miedo ante alguna situación profesional?

En la guerra, porque estás enfrentando la muerte. Probablemente el miedo sea la sensación más primitivamente humana, que se instaló desde que el homo sapiens se enfrentó ante las incertidumbres provocadas por una naturaleza todavía indomable.

-¿En cuál de sus múltiples trabajos se ha sentido más a gusto?

Yo tengo por filosofía que donde quiera que trabajemos, aunque no sea el lugar de nuestra preferencia, siempre hay que tratar de buscar y encontrarle el lado gracioso, porque nada es tan infecundo como laborar donde a uno le disguste, eso es contra natura.

Si me preguntas en qué lugar me sentí mejor, te digo que los años que estuve en la revista Bohemia. Sentía que me pertenecía, que yo le pertenecía. Fueron años de muchos éxitos profesionales. Encontré un colectivo con el que hice química.

A mí me gusta mucho escribir para las revistas, porque en ellas puedes construir con mucha más libertad creativa que cuando escribes en una agencia o en un diario; puedes desarrollarte más, bordear la literatura. De hecho, gracias a ese ejercicio me entrené para escribir mis libros.

En Bohemia me desempeñé durante mucho tiempo como redactor de temas internacionales, jefe de información, y por último, como subdirector, de modo que ese fue un lugar donde me sentí muy realizado profesionalmente. También adoro la radio, porque es un medio de gran contacto con el público, es mágico e incentiva la inteligencia y la imaginación de las audiencias.

-¿Existe alguien a quien hubiera querido entrevistar y no tuvo oportunidad?

Por el camino han ido quedando algunas personalidades a las que me hubiera gustado entrevistar. Por sólo citar algunos ejemplos de una lista más extensa,  a Yasser Arafat, Nelson Mandela, a Rafael Correa y a Isabel Allende, la que considero sería una entrevista de lujo.

-¿Qué género periodístico prefiere trabajar?

Definitivamente el género de análisis, me encanta la columna y la crónica, porque son muy personales, también disfruto muchísimo los artículos y los comentarios sobre temas políticos. Hay otros géneros que soy capaz de hacer con suficiente dignidad; pero no me encuentro en la etapa en que son predominantes. Hubo un tiempo en que perseguía febrilmente  las entrevistas, hacía muchas; pero ya hoy día, para hacer alguna, sería muy selectivo, tendría que ser una inteligente, ágil, en la que pueda preguntar lo que quiera, no una entrevista de circunstancia.

-¿Qué lo motivó a especializarse en los temas de África y el  Oriente Medio?

Porque fue por ahí por donde empecé, en 1963, como corresponsal de la agencia Prensa Latina. Si me hubieran enviado desde el principio a Alemania,  tal vez fuera especialista en Europa. Claro, no hay otra zona que tenga tanto atractivo como el Oriente Medio y África.
Era un mundo fascinante, el antiguo mundo colonial de los  que había leído en los libros de geografía, un lugar sin explorar, por conocer. Fui de corresponsal a Egipto, al año siguiente a Argelia y ahí, estudiando lo que pasaba en esa región, surgió mi interés por conocerla en toda su magnitud. Años después tuve la oportunidad de recorrer como corresponsal o enviado especial otros 20 países de la región.

-En Etiopía pudo obtener la primicia de una información, gracias a una fuente singular. ¿Puede contar la historia?

Creo que existe la previsión, pero también la suerte. Estuve en el lugar exacto y en el momento correcto. Pasaba por el Ministerio de Defensa y vi algo distinto a lo que siempre ocurría: un tanque apostado en la puerta. Poco después se escucharon disparos y comenzaron a sobrevolar aviones de guerra sobre esa área de la capital. Me encontré con un niño etíope, muy simpático, al que yo le compraba caramelitos y chicles cada vez que andaba por allí, para abastecerme de la gasolina por entonces racionada, en una estación cercana. Le pregunté en amhárico –idioma oficial del país– con mi limitado vocabulario aprendido, qué había sucedido y entonces me dijo en su inglés muy básico “Chief killed”, es decir,  “jefe asesinado”.
Fuente:Cubaperiodistas
Mientras los demás colegas se dedicaron a indagar lo que había sucedido, yo transmití una información audaz, pero que como se dice, “cubría todas las avenidas” para el caso de que hubiera ocurrido o no. Por lo menos alertaba sobre un suceso. Decía en esencia, en su lead: “El Ministro de Defensa de Etiopía pudo haber sido asesinado en su despacho, de acuerdo con versiones sin confirmar, de fuentes cercanas al lugar del hecho”.

Cuando otros periodistas acreditados en Addis Abeba fueron a enviar sus informaciones confirmadas, se encontraron con que  habían cortado las comunicaciones; pero yo me había adelantado ya, y la fuente menos calculada fue la que me dio la pista.

-¿Por qué decidió escribir sobre el líder revolucionario dominicano Francisco Caamaño?

Es una figura que me motivaba mucho. A poco de su muerte, en el año 1973, había familiares y compañeros de guerrillas de él en Cuba. Entonces, entre Ricardo Sáez que era un profesional de gran calibre y entrañable amigo y yo, nos dispusimos a reconstruir su vida y así estuvimos durante dos años trabajando en el libro.

Lo escribimos porque Caamaño era una figura antimperialista emblemática, que tuvo el mérito de resistir la invasión del año 1965 cuando los yanquis invadieron República Dominicana. Resultaba muy tentador desentrañar la historia de este antiguo militar que fue, incluso, hijo del ministro de Defensa del dictador Trujillo; aún así, evolucionó a tal punto que murió como un jefe guerrillero, con una convicción profundamente revolucionaria. Fueron todos esos   motivos los que nos impulsaron a tratar de rescatar su vida en una biografía.

-¿Cuál es su criterio acerca del periodismo cubano de estos tiempos?

Sostengo que el periodismo cubano actual es todavía mucho menos de lo que potencialmente pudiera ser y debería ser, como informador certero y movilizador del pensamiento en la sociedad. Le falta abrir y ampliar espacios para la investigación y la opinión, tan indispensables para la construcción de nuestro proyecto social, hacerse más dialogador y creativo, liberado de trabas innecesarias que entorpecen el flujo comunicativo entre la prensa, las instituciones y los intereses y aspiraciones del público al que en última instancia nos debemos. 

Abrigo la percepción de que aún resulta insuficiente entre los cuadros políticos y administrativos una cultura sobre el papel y el alcance de los medios y en particular del periodismo en la sociedad.

Asumiéndolo predominantemente como un aparato instrumentalista, “a la carta”, frena la plenitud del legitimado ejercicio periodístico y su relativa autonomía, para dejársele a expensas de lo que cada quien desde su pedacito de poder se atribuya indebidamente la facultad de silenciar, ocultar y ocultarse e interferir como si el periodismo fuese un equipo de pelota y cada quien su manager.

Al final se da la paradoja de que en esas esferas se desestima el importante papel que para su propia gestión puede desempeñar una mayor actuación de la prensa, que evalúe, critique, alerte y se anticipe.

-¿Cuál cree que es la mayor dificultad que tienen los estudiantes de Periodismo actualmente?

La falta de más ejercitación práctica sistemática en los medios durante sus años de estudios. A ello se suma que en algunos centros donde se les inserta, no se encuentran siempre a la altura de lo que se espera de estos

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