Los sentimientos no han de ser explicados. Porque ellos
surgen ahí, donde la vida renace. Y porque la convergencia existencial entre
los doctores Félix Báez Sarría y Jorge Pérez Ávila ha de ser contada desde las
espiras de imprevistas complicidades.
Aquellas que avienen en momentos difíciles.
Pero la génesis de esta historia es mucho más llana que
nuestro propósito de anidarla en las raíces
de la conciencia, esa percepción de sí mismo y del entorno de la que
solo es depositaria la especie humana. Comenzó el domingo 16 de noviembre,
cuando Félix tuvo la certeza de que se había contagiado con el virus del ébola
y sufrió los primeros avances de las fiebres y los escalofríos.
