Por: Silvio Rodríguez
En Cuba habíamos leído que Europa
central iba a estar complicada de nieve, pero encontramos a Madrid tan soleada
que olvidamos el anuncio. Desde la capital española no había vuelo directo
hasta Salzburgo, así que tomamos un avión hasta Frankfurt, para después saltar
a la célebre ciudad austríaca. Empezamos a suponer lo que nos esperaba cuando
aparecieron los Pirineos, envueltos en densas nubes que se extendían en todas
direcciones.
Poco después nos fuimos hundiendo en aquellas capas hasta tocar
Frankfurt, que parecía de madrugada, y a la media hora volvíamos a adentrarnos
en las brumas, rumbo a nuestro destino. Cuando aterrizamos nos dijeron que
estábamos de suerte, porque desde el día anterior estaban suspendidos los
vuelos.
