Adivino la felicidad de aquellos maestros que, por años, acompañaron los sueños de ese cubano que supo conquistar las alturas, cuando por estos días, desde un spot televisivo, le escuchan decir que ellos lo enseñaron a saltar y a crecer.
Me invento el calibre de los que seguramente dibujaron más de una imagen en la mente y el corazón de ese cineasta nuestro que ha legado memorables escenas al séptimo arte y que también asegura que sus maestros encauzaron sus primeras inquietudes creadoras.
