¿Que debe hacer una periodista para merecer un premio importante, uno que reconozca el quehacer durante un año, 365 días sudando tinta, aferrada a la página en blanco hasta bordarle negrísimas filigranas?
Mi colega Katia Siberia se enredaría en explicaciones. Diría que el primer mandamiento es erigirle un monumento a la verdad, quitarle afeites y melindres, sin llegar al extremo de que parezca legajo notarial (con perdón de los juristas); que se note la investigación, la multiplicidad de opiniones, el prisma de cristales con qué mirar. El segundo es ser creativo: no se puede aspirar a ser leído si se escribe siempre de la misma forma. En tercer lugar, y aquí se pondría seria, no hacer periodismo persiguiendo recompensa alguna.
