por: Nancy Nuñez Pirez
La existencia está llena de acontecimientos; muchos inesperados, pero capaces de dejar huellas y enseñanzas. Así conservo algunos recuerdos de mi juventud, portadores de una emoción imborrable.
Uno de ellos pertenece a la tarde del domingo 10 de mayo de 1963, en medio de un guateque campesino organizado por Celia Sánchez Manduley en un parque de la barriada residencial de Miramar, para disfrute de miles de muchachas campesinas procedentes de aisladas áreas montañosas de la Sierra Maestra y el Escambray que fueron trasladadas a La Habana para que estudiaran. El festejo era por el Día de las Madres y Celia estaba allí como una más, conmovida entre el entusiasmado auditorio.


